Gastritis crónica: síntomas, causas y cómo mejorarla desde la nutrición funcional
Cuando tu estómago duele sin parar y cada comida se convierte en una preocupación
Hubo un momento en mi carrera como nutricionista en el que empecé a notar un patrón: muchas de las mujeres que llegaban a mi consulta con problemas digestivos, cansancio crónico y esa sensación de que “algo no va bien” compartían un diagnóstico común: gastritis crónica. Y lo que más me llamaba la atención no era solo el diagnóstico en sí, sino cómo habían llegado hasta ahí: años de estrés, de comidas rápidas, de antiinflamatorios para el dolor, de ignorar las señales de su cuerpo porque “no había tiempo”.
La gastritis no es solo ardor de estómago
La gastritis crónica no es solo ardor de estómago. Es la forma en que tu cuerpo te dice que algo no está funcionando como debería. Y aunque la medicina convencional tiene respuestas efectivas, la nutrición funcional puede ayudarte a ir más allá del síntoma, para entender qué está pasando realmente y cómo recuperar el equilibrio.
¿Qué es exactamente la gastritis?
En términos generales, la gastritis crónica es la inflamación de la mucosa gástrica (la capa protectora del estómago), ese revestimiento protector que cubre el interior de tu estómago. Imagina que tu estómago es como una olla recubierta de una capa protectora. Cuando esa capa se daña o se inflama, los ácidos digestivos que normalmente ayudan a procesar los alimentos comienzan a irritar directamente las paredes del estómago.
Esta inflamación puede presentarse de dos formas:
Gastritis aguda
En este caso, aparece de forma repentina y suele estar relacionada con factores como el consumo excesivo de alcohol, ciertos medicamentos (especialmente antiinflamatorios como el ibuprofeno o la aspirina), o infecciones. Los síntomas son intensos, pero, con el tratamiento adecuado y eliminando la causa, puede resolverse rápidamente.
Gastritis crónica
Es una inflamación prolongada que puede durar meses o incluso años. Muchas veces está relacionada con la bacteria Helicobacter pylori, enfermedades autoinmunes, o el mantenimiento de hábitos perjudiciales como el tabaco, el estrés crónico o una alimentación inadecuada.
Síntomas que no deberías ignorar
Los síntomas de la gastritis crónica pueden variar mucho de una persona a otra, pero existe un patrón bastante común. Muchas personas empiezan notando dolor o ardor en la parte superior del abdomen, que suele aparecer entre comidas o por la noche, cuando el estómago está vacío. A esta molestia se suma con frecuencia una sensación de pesadez o hinchazón después de comer, incluso cuando las cantidades son pequeñas.
También es habitual que aparezcan náuseas, digestiones lentas y la sensación de que la comida “se queda” en el estómago durante horas. Con el tiempo, esta incomodidad constante puede provocar pérdida de apetito, ya que la anticipación del malestar hace que comer deje de ser algo placentero. En algunos casos, el estómago intenta aliviar la presión interna mediante eructos frecuentes o gases.
En situaciones más graves, la gastritis puede provocar sangrado digestivo, que se manifiesta en forma de heces oscuras o vómitos con sangre o con aspecto de posos de café. Si aparecen estos síntomas, es fundamental acudir al médico de inmediato para una valoración adecuada.
¿Por qué aparece la gastritis? Las causas más comunes
Entender qué causa la gastritis es el primer paso para tratarla de forma efectiva. Las causas más frecuentes son:
1. Infección por Helicobacter pylori
Esta bacteria es responsable de la mayoría de los casos de gastritis crónica. Más de la mitad de la población mundial está infectada por esta bacteria, aunque no todas las personas desarrollan síntomas. La H. pylori tiene la capacidad de sobrevivir en el ambiente ácido del estómago y, con el tiempo, puede debilitar la mucosa gástrica (la capa protectora del estómago), aumentando el riesgo de úlceras e incluso cáncer gástrico.
2. Uso prolongado de antiinflamatorios (AINES)
Medicamentos como el ibuprofeno, la aspirina o el naproxeno son muy utilizados para el dolor, pero su uso frecuente puede dañar la mucosa gástrica y provocar gastritis. Si necesitas tomar estos medicamentos de forma habitual, consulta siempre con tu médico para buscar alternativas o protección gástrica.
3. Consumo excesivo de alcohol
El alcohol es un irritante directo de la mucosa del estómago. Su consumo habitual o en grandes cantidades puede provocar gastritis erosiva aguda, donde se producen lesiones y sangrado en las paredes del estómago.
4. Estrés crónico y ansiedad
Aunque muchas veces se minimiza, el estrés tiene un impacto real y complejo en tu sistema digestivo. Cuando el sistema nervioso se pone en modo “alerta” (activación simpática: lucha o huida), ocurre algo paradójico: en lugar de aumentar la producción de ácido gástrico, la inhibe. El sistema nervioso simpático frena la digestión porque tu cuerpo prioriza la supervivencia inmediata sobre la digestión.
Sin embargo, esta inhibición de la digestión viene acompañada de otros efectos problemáticos: reduce el flujo sanguíneo hacia el estómago, disminuye la producción de moco protector, y puede afectar el correcto funcionamiento de los esfínteres, incluido el esfínter esofágico inferior (la «válvula» entre el esófago y el estómago. Esto puede provocar que la válvula entre el esófago y el estómago no cierre bien, generando sensación de reflujo y ardor, incluso con menos ácido en el estómago.
Además, el estrés crónico mantiene al sistema digestivo en un estado de “ralentización” constante: la comida se queda más tiempo en el estómago, la digestión es incompleta, y paradójicamente, cuando el estrés se relaja, puede haber un rebote en la producción de ácido. Es lo que muchas personas experimentan: durante momentos de estrés intenso apenas pueden comer, y cuando finalmente se relajan, aparece el ardor o el dolor.
No es casualidad que muchas personas sientan dolor de estómago, náuseas o reflujo en momentos de alta tensión emocional. Lo que se conoce como “gastritis nerviosa” es real, pero su mecanismo es más complejo de lo que se creía.
5. Enfermedades autoinmunes
En algunos casos, el propio sistema inmunológico ataca las células del estómago, provocando una gastritis autoinmunitaria. Esta forma de gastritis puede causar problemas para absorber vitamina B12 y hierro, llevando a anemia.
6. Otros factores
Reflujo biliar, infecciones virales, alergias alimentarias, tabaquismo y el simple paso del tiempo (el envejecimiento hace que la mucosa gástrica sea más vulnerable) también pueden contribuir a desarrollar gastritis.
El papel de la nutrición en el tratamiento de la gastritis
Cuando hablamos de gastritis, la alimentación no es simplemente “lo que no debes comer”. Es una herramienta terapéutica fundamental para calmar la inflamación, proteger la mucosa gástrica y permitir que tu estómago se recupere.
Desde la nutrición funcional, no solo miramos qué alimentos irritan o inflaman, sino que buscamos restaurar el equilibrio del sistema digestivo completo, teniendo en cuenta la microbiota, el estado emocional, los ritmos circadianos y la individualidad de cada persona.
Alimentos que debes evitar o moderar
Cuando hay gastritis activa, algunos alimentos pueden actuar como irritantes directos de la mucosa gástrica, empeorando los síntomas y dificultando la recuperación. Entre los más problemáticos se encuentran el café y el té, incluso en su versión descafeinada, ya que estimulan la secreción ácida. El alcohol, en cualquiera de sus formas, también resulta especialmente agresivo para el estómago inflamado, al igual que las bebidas carbonatadas, que distienden el estómago y aumentan la sensación de malestar.
Otros alimentos pueden agravar la gastritis porque incrementan la acidez o favorecen la irritación. Es el caso de los cítricos como la naranja, el limón o el pomelo, así como del tomate y sus derivados, incluidos salsas y ketchup, y de los zumos ácidos en general. Los picantes, los condimentos muy especiados, el vinagre y las salsas intensas también suelen empeorar los síntomas en personas con gastritis.
Además, conviene limitar aquellos alimentos que dificultan la digestión y permanecen más tiempo en el estómago. Las comidas fritas, muy grasas o copiosas, los embutidos y carnes procesadas, la bollería industrial, los dulces, el chocolate y los platos muy condimentados pueden aumentar la sensación de pesadez, el ardor y las digestiones lentas, incluso horas después de haber comido.
Alimentos que SÍ pueden ayudarte
La buena noticia es que existen muchos alimentos que pueden ayudar a calmar la inflamación, proteger la mucosa gástrica y facilitar la recuperación del estómago cuando hay gastritis. En general, se priorizan alimentos suaves, de fácil digestión y poco irritantes, que aporten nutrientes sin sobrecargar el sistema digestivo.
Proteínas y alimentos fáciles de digerir
Las proteínas magras suelen tolerarse bien cuando se cocinan de forma sencilla. El pollo y el pavo sin piel, preparados al horno, hervidos o al vapor, junto con el pescado blanco como la merluza, el lenguado o el rape, resultan opciones adecuadas. En algunas personas también se tolera el pescado azul suave, como el salmón, que además aporta omega-3 con efecto antiinflamatorio. Los huevos, preferiblemente cocidos, en tortilla francesa o revueltos, suelen ser otra fuente proteica bien aceptada.
Hidratos de carbono suaves y protectores
En cuanto a los hidratos de carbono, los cereales y tubérculos suaves ayudan a aportar energía sin irritar el estómago. El arroz blanco, especialmente en fases agudas, la pasta bien cocida, la patata cocida u horneada, el boniato y la avena cocida, rica en mucílagos protectores, suelen formar parte de una dieta bien tolerada en casos de gastritis.
Frutas bien toleradas en casos de gastritis
Las frutas no ácidas también pueden resultar beneficiosas cuando se eligen en su punto de maduración adecuado. El plátano maduro destaca por su efecto protector sobre la mucosa, mientras que la manzana cocida o asada aporta pectinas que favorecen la digestión. Otras frutas como la pera madura, la papaya, que contiene enzimas digestivas, o el mango maduro suelen tolerarse bien.
Verduras mejor cocidas y fáciles de tolerar
Respecto a las verduras, es preferible consumirlas bien cocidas para facilitar su digestión. La zanahoria, el calabacín, la calabaza, las judías verdes o las espinacas cocidas en pequeñas cantidades aportan vitaminas y minerales sin resultar agresivas para el estómago inflamado.
Grasas saludables en cantidades moderadas
Las grasas saludables, siempre en cantidades moderadas, pueden incluirse en la alimentación. El aceite de oliva virgen extra, preferiblemente en crudo, y el aguacate maduro, bien tolerado por muchas personas, ayudan a cubrir las necesidades lipídicas sin empeorar los síntomas.
Alimentos con efecto protector sobre la mucosa gástrica
Además, algunos alimentos tienen propiedades protectoras específicas para el estómago. El yogur natural con probióticos puede contribuir a restaurar la microbiota, incluso en casos de infección por H. pylori. El kéfir, si se tolera, las semillas de lino molidas, ricas en mucílagos y omega-3, y las infusiones suaves como la manzanilla, con efecto calmante y antiinflamatorio, pueden ser buenos aliados dentro de un enfoque integrativo.
Pautas nutricionales para mejorar la gastritis
Más allá de los alimentos concretos que se eligen, la forma en la que comes tiene un impacto directo en la evolución de la gastritis. Adoptar ciertos hábitos puede ayudar a reducir la irritación del estómago y facilitar la digestión, incluso cuando los síntomas son persistentes.
Cómo organizar las comidas para aliviar la gastritis
Realizar comidas frecuentes en pequeñas cantidades permite disminuir el volumen que llega al estómago en cada ingesta y evita que tenga que trabajar en exceso. Este reparto más equilibrado de las comidas ayuda, además, a mantener un nivel constante de alimento que amortigua la acción de los ácidos gástricos. Del mismo modo, masticar despacio y con calma es fundamental, ya que la digestión comienza en la boca y una buena masticación reduce notablemente el esfuerzo digestivo posterior.
Tiempos digestivos y descanso tras las comidas
También es importante respetar los tiempos después de comer. Acostarse inmediatamente tras una comida puede favorecer el reflujo y el ardor, por lo que se recomienda esperar al menos dos o tres horas antes de tumbarse. En personas con reflujo asociado, dormir con la cabeza ligeramente elevada puede aliviar los síntomas nocturnos.
Cocciones, temperatura y hábitos digestivos
El tipo de cocción influye de manera significativa en la tolerancia digestiva. Optar por cocciones suaves, como el vapor, el hervido, el horno o el papillote, resulta más respetuoso para el estómago que la plancha muy hecha, los fritos o los guisos pesados. Además, conviene prestar atención a la temperatura de los alimentos, evitando tanto las comidas muy calientes como las muy frías, ya que los extremos térmicos pueden irritar la mucosa gástrica.
Mantener horarios regulares de comida ayuda a que el sistema digestivo funcione de forma más eficiente, ya que el estómago responde mejor cuando existe una cierta rutina. La hidratación adecuada también es clave, procurando beber agua fuera de las comidas principales para no diluir en exceso los jugos gástricos.
Por último, es importante señalar que el tabaco actúa como un factor de riesgo relevante en la gastritis, ya que irrita la mucosa y dificulta su recuperación. Reducirlo o eliminarlo forma parte del abordaje global para mejorar la salud digestiva.
El tratamiento médico: cuándo es necesario
Aunque la alimentación juega un papel fundamental en la mejora de la gastritis, en muchos casos es necesario recurrir a tratamiento médico específico para controlar la inflamación y evitar complicaciones. La dieta ayuda a aliviar los síntomas y a proteger la mucosa gástrica, pero no siempre es suficiente por sí sola.
Cuando la gastritis está relacionada con una infección por Helicobacter pylori, es imprescindible seguir un tratamiento antibiótico combinado con inhibidores de la bomba de protones, ya que erradicar la bacteria es clave para prevenir la aparición de úlceras y otros problemas a largo plazo. En estos casos, no se recomienda intentar resolver la infección únicamente a través de la alimentación.
En otras situaciones, el médico puede pautar antiácidos o inhibidores de la bomba de protones, como el omeprazol, con el objetivo de reducir la producción de ácido gástrico y permitir que la mucosa del estómago se regenere. Estos tratamientos suelen utilizarse durante un tiempo limitado, siempre bajo supervisión médica.
Además, en determinados casos se emplean protectores de la mucosa gástrica, que ayudan a formar una capa protectora sobre las zonas irritadas o lesionadas del estómago, favoreciendo su cicatrización.
Ante síntomas persistentes o intensos, es fundamental consultar con el médico o el gastroenterólogo para obtener un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado a cada situación.
Suplementos que pueden ayudar (siempre bajo supervisión profesional)
Algunos suplementos pueden ser útiles como coadyuvantes del tratamiento:
- Probióticos específicos: cepas como Lactobacillus acidophilus o Bifidobacterium pueden ayudar a equilibrar la microbiota y reducir los efectos secundarios del tratamiento antibiótico.
- Omega-3: tiene propiedades antiinflamatorias que pueden ayudar a reducir la inflamación de la mucosa.
- Regaliz deglicirrizinado (DGL): ayuda a aumentar la producción de moco protector (importante: debe ser deglicirrizinado para evitar efectos secundarios).
Nunca empieces a tomar suplementos sin consultar con un profesional de la salud, especialmente si estás tomando medicación.
Plantas medicinales y remedios naturales
Algunas plantas han mostrado beneficios como complemento del tratamiento:
- Manzanilla: efecto calmante y antiinflamatorio.
- Jengibre (en pequeñas cantidades): propiedades digestivas y antibacterianas.
- Regaliz: protector de mucosas.
- Aloe vera (zumo): rico en mucílagos, desinflamante.
- Cúrcuma: antiinflamatoria (mejor en extracto).
Recuerda que los remedios naturales son complementos, no sustitutos del tratamiento médico.
Gastritis y Helicobacter pylori: una relación estrecha
La infección por H. pylori está presente en la mayoría de casos de gastritis crónica. Si te han diagnosticado esta bacteria, además del tratamiento antibiótico, la alimentación puede ayudarte a:
- Reducir los síntomas mientras dura el tratamiento
- Minimizar los efectos secundarios de los antibióticos
- Crear un ambiente menos favorable para la bacteria
- Fortalecer tu sistema inmunológico
Algunos alimentos que han mostrado actividad frente a H. pylori en estudios son el brócoli (por su contenido en sulforafano), el ajo, los probióticos específicos y el aceite de oliva virgen extra.
Cuando la gastritis se cronifica: más allá del estómago
Con el tiempo una gastritis crónica no tratada puede tener consecuencias que van más allá del dolor de estómago:
- Anemia: por déficit de vitamina B12 o hierro (la gastritis dificulta su absorción)
- Fatiga crónica: consecuencia de la anemia y de la mala absorción de nutrientes
- Mayor riesgo de úlceras: las lesiones en la mucosa pueden profundizarse
- Aumento del riesgo de cáncer gástrico: especialmente en infecciones prolongadas por H. pylori
Por eso es tan importante no ignorar los síntomas y buscar tratamiento.
Mi enfoque como nutricionista: más allá de la dieta
Cuando trabajo con alguien que tiene gastritis, no solo miro su plato. Miro su vida completa:
- ¿Cómo gestiona el estrés?
- ¿Cómo son sus ritmos de sueño?
- ¿Qué relación tiene con la comida?
- ¿Hay factores emocionales que puedan estar afectando?
- ¿Hay otros síntomas que puedan estar conectados?
Porque la gastritis, como tantas otras condiciones digestivas, rara vez viene sola. Suele ser parte de un desequilibrio mayor que necesita ser abordado de forma integrativa.
Conclusión: tu estómago puede recuperarse
Si estás leyendo esto porque sufres gastritis, quiero que sepas algo importante: tu estómago tiene una capacidad increíble de regeneración. Con el tratamiento adecuado, cambios en la alimentación y atención a los factores que la provocan, es posible recuperar el bienestar digestivo.
No se trata de vivir con restricciones para siempre. Se trata de entender qué necesita tu cuerpo en este momento, darle las herramientas para sanar, y después ir recuperando gradualmente una alimentación más flexible.
En muchos casos, la gastritis es una señal de que algo necesita cambiar. Puede ser tu alimentación, puede ser tu gestión del estrés, puede ser la forma en que comes o incluso la forma en que te relacionas con tu cuerpo. Escucha esa señal. Tu estómago te lo está pidiendo.
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Además, este artículo aborda la gastritis crónica desde una perspectiva integrativa.
Por otro lado, se tienen en cuenta factores como la alimentación, el estrés y la microbiota.
En consecuencia, el enfoque va más allá del síntoma digestivo.

