Estreñimiento en mujeres: causas, remedios y cómo recuperar tu ritmo intestinal

Estreñimiento en mujeres: causas, remedios y cómo recuperar tu ritmo intestinal

El estreñimiento en mujeres es mucho más común de lo que debería ser. Y mucho más ignorado también.

En consulta hay una historia que se repite. Llega una mujer con síntomas variados (hinchazón, cansancio, piel apagada, digestiones lentas) y cuando profundizamos, aparece siempre lo mismo: lleva años conviviendo con el estreñimiento y lo ha normalizado. «Es que siempre he sido así», me dicen. Y yo les digo lo mismo: no tiene que ser así. Esto tiene solución.

El estreñimiento no es solo una cuestión de fibra y agua. Es una señal de que algo, en algún nivel del organismo, no está funcionando como debería. Y en las mujeres esa señal merece atención especial, porque los factores que lo provocan son más variados, más sutiles y más conectados de lo que parece. En muchos casos, el estreñimiento en mujeres no es solo un problema digestivo: es también un problema hormonal.

En este artículo te explico qué es exactamente el estreñimiento en mujeres, por qué nos afecta más a nosotras y qué factores, más allá de la dieta, pueden estar detrás de este problema, desde el sistema nervioso hasta la postura para evacuar. 

¿Qué es el estreñimiento? 

Muchas mujeres creen que el estreñimiento solo existe si no pueden evacuar a diario. Pero no es tan sencillo. Según los criterios clínicos internacionales (criterios Roma IV), hablamos de estreñimiento funcional cuando se cumplen al menos dos de estas condiciones durante más de tres meses:

  • Esfuerzo excesivo en más de una cuarta parte de las deposiciones
  • Heces duras o en forma de bolitas (tipos 1 y 2 de la Escala de Bristol)
  • Sensación de evacuación incompleta
  • Sensación de bloqueo u obstrucción
  • Necesidad de maniobras manuales para facilitar la evacuación
  • Menos de tres deposiciones espontáneas por semana

Lo importante es esto: no es solo la frecuencia, sino también la calidad y la comodidad de la evacuación. Puedes ir al baño cada día y aun así tener un estreñimiento funcional si cada visita supone esfuerzo, incomodidad o sensación de vaciado incompleto.

Por qué las mujeres sufren más estreñimiento

No es casualidad que el estreñimiento sea más frecuente en mujeres que en hombres. Los estudios muestran que casi el 50% de las mujeres presentan algún tipo de trastorno funcional digestivo, frente al 37% de los hombres. ¿Por qué?

Hay varios factores que explican esta diferencia:

Las hormonas influyen de forma directa en el tránsito intestinal. La progesterona, que aumenta en la segunda mitad del ciclo menstrual y durante el embarazo, ralentiza el movimiento del intestino. Muchas mujeres notan que su ritmo intestinal cambia con las fases del ciclo: más irregular o lento en la fase lútea, y más fluido justo antes y durante la menstruación. Esto forma parte de la ciclicidad de la mujer y es fisiológico. 

La anatomía pélvica femenina es más compleja, con más estructuras en la pelvis (útero, vejiga, recto) que pueden comprimirse o desplazarse entre sí. Esto es especialmente relevante en mujeres con historia obstétrica, cesáreas, partos instrumentados o histerectomía, donde los tejidos y nervios del suelo pélvico pueden haber sido comprometidos.

La relación con el estrés y las emociones también tiene una dimensión de género. Las mujeres tendemos a internalizar el estrés con más frecuencia, lo que tiene un impacto directo sobre el sistema nervioso intestinal y, en consecuencia, sobre el movimiento intestinal.

Causas del estreñimiento en mujeres: más allá de la fibra

Cuando hablo de estreñimiento en consulta, lo primero que hago es apartarme del protocolo habitual de «come más fibra y bebe más agua», que siendo necesario, rara vez es suficiente, e intento mirar más allá. Porque en la mayoría de los casos que veo, el estreñimiento es con múltiples causas.

1. El sistema nervioso sobreactivado: cuando el intestino entra en modo «pausa»

Este es probablemente el factor más poco diagnosticado y el que más me encuentro en consulta.

Cuando vivimos en un estado de estrés crónico, el sistema nervioso autónomo pasa grandes períodos en modo simpático, el famoso «lucha o huye». Y en ese estado, el sistema digestivo queda en segundo plano. El cuerpo prioriza los músculos, el corazón y el cerebro para hacer frente a la amenaza percibida, y el intestino simplemente… se frena.

El sistema nervioso simpático inhibe activamente la motilidad intestinal: reduce las contracciones del colon, altera los tiempos de tránsito y puede tensar los músculos del suelo pélvico, dificultando la evacuación. El resultado es un intestino lento, rígido y difícil de vaciar.

Si una mujer vive con la agenda al límite, duerme mal, no tiene tiempo ni para sentarse a comer con calma y carga con una mochila emocional pesada, de poco servirá la fibra si no abordamos también el sistema nervioso.

El estrés crónico no es solo un problema mental. Es un freno físico y real para tu intestino. Antes de añadir más fibra, pregúntate: ¿en qué modo está viviendo tu sistema nervioso?

2. El eje intestino-cerebro: la conversación que no para

El intestino y el cerebro se comunican constantemente a través del nervio vago, las hormonas, el sistema inmune y los metabolitos de la microbiota. Esta red en dos direcciones se conoce como el eje intestino-cerebro, y su buen funcionamiento es clave para un tránsito intestinal regular.

Cuando este eje se altera (por estrés, por inflamación, por disbiosis o por un sueño deficiente), el intestino pierde su ritmo natural. No recibe bien las señales para moverse, no coordina correctamente la apertura de los esfínteres y la sensación de urgencia para defecar puede desaparecer poco a poco hasta casi desaparecer.

Por eso muchas mujeres me cuentan que «han perdido las ganas». Que antes tenían un ritmo, y en algún momento de su vida (un cambio de trabajo, un duelo, un período de mucho estrés) ese ritmo desapareció. 

3. La deshidratación: el problema más sencillo e ignorado

El colon es uno de los órganos que más agua absorbe del cuerpo. Cuando el organismo detecta que no llega suficiente líquido, extrae agua de las heces para compensar el déficit, y el resultado son heces duras, secas y difíciles de expulsar.

En consulta, cuando pregunto a una paciente cuánta agua bebe al día, la respuesta más habitual es: «poca» o “nada”. Y muchas veces ni siquiera lo perciben como un problema, porque están acostumbradas a no tener sed, o porque se lo sacian con café, infusiones o zumos.

La hidratación adecuada para el tránsito intestinal no significa solo beber agua: también influye el tipo de fibra que consumes (la fibra soluble necesita agua para formar el gel que facilita el movimiento fecal), la temperatura ambiente y el nivel de actividad física.

Una recomendación práctica que suelo dar: empieza el día con un gran vaso de agua tibia en ayunas. Este simple gesto activa el reflejo gastrocólico (el que desencadena las ganas de ir al baño) y puede marcar una diferencia notable en pocas semanas.

4. La microbiota intestinal: cuando el ecosistema está desequilibrado

Tenemos billones de bacterias en el intestino, y muchas de ellas participan activamente en la motilidad intestinal. Las bacterias del colon producen ácidos grasos de cadena corta (como el butirato) y gases que estimulan las contracciones del colon y regulan el tránsito.

Cuando hay disbiosis, cuando hay un desequilibrio en la composición de la microbiota, pueden predominar bacterias que producen menos de estos estímulos o que, directamente, enlentecen el movimiento intestinal. Además, la disbiosis se asocia a mayor inflamación de la mucosa y a alteraciones en el eje intestino-cerebro, lo que cierra un círculo vicioso.

Hay una forma específica de disbiosis que quiero destacar especialmente porque está muy presente en mujeres con estreñimiento crónico y que aún se diagnostica muy poco: el sobrecrecimiento intestinal de metanógenos, conocido como IMO (del inglés Intestinal Methanogen Overgrowth).

A diferencia del SIBO clásico, que suele asociarse a diarrea o diarrea alternante, el IMO está protagonizado por arqueas productoras de metano, principalmente Methanobrevibacter smithii. Estas arqueas producen gas metano en el colon, y el metano no es solo un gas: es un modulador directo de la motilidad intestinal. Ralentiza las contracciones del intestino delgado y del colon actuando casi como un freno biológico del tránsito.

El resultado es un estreñimiento que no responde bien a los cambios de dieta habituales, que suele venir acompañado de hinchazón abdominal importante (especialmente por la tarde), sensación de digestiones muy lentas y, a menudo, heces que flotan. Si te reconoces en este patrón y llevas tiempo sin respuesta a los abordajes convencionales, el IMO merece estar en el diagnóstico diferencial. Se detecta mediante un test de aliento con lactulosa que mide los niveles de metano, y tiene un abordaje específico diferente al del SIBO de hidrógeno.

¿Cómo saber si tu microbiota está afectando tu tránsito?

En mi experiencia, muchas mujeres con estreñimiento crónico tienen una microbiota debilitada, a menudo como consecuencia de años de antibióticos, dietas restrictivas, estrés sostenido o infecciones intestinales previas. Trabajar la microbiota no es solo tomar probióticos: es alimentar el ecosistema completo con diversidad vegetal, fermentados, prebióticos y estilos de vida que no lo destruyan.

5. El sedentarismo: el intestino también necesita moverse

El movimiento físico estimula mecánicamente el intestino. El diafragma, los músculos abdominales y la gravedad trabajan juntos para ayudar a propulsar el contenido intestinal hacia adelante. Cuando nos pasamos muchas horas sentadas, esa estimulación natural desaparece.

No hace falta correr una maratón. Pero sí ayuda mucho el movimiento regular: caminar después de comer, hacer yoga, practicar ejercicios de movilidad. Las torsiones de tronco, en particular, tienen un efecto masajeador sobre los órganos abdominales que muchas de mis pacientes notan de forma rápida.

6. La postura en el baño: un detalle que puede cambiarlo todo

Este es uno de los puntos que más sorprende a mis pacientes. La postura habitual en el WC occidental, sentada en ángulo de 90 grados, no es la más fisiológica para defecar.

El músculo puborrectal forma un ángulo en el recto para mantener la continencia. En cuclillas, ese ángulo se abre de forma natural, permitiendo una evacuación más completa y con menos esfuerzo. Sentadas en posición recta, el ángulo permanece más cerrado, lo que obliga a hacer más fuerza.

La solución es tan sencilla como colocar un taburete o reposapiés bajo los pies mientras usas el WC. Elevar las rodillas por encima de las caderas reproduce parcialmente la posición de cuclillas. Muchas de mis pacientes lo incorporan y notan una diferencia inmediata.

7. Aguantar las ganas: el hábito que entrena al intestino a desconectarse de la necesidad

Este es uno de los factores más frecuentes en consulta y, curiosamente, uno de los que menos se menciona. Lo veo especialmente en mujeres con vidas muy ocupadas, con hijos, con trabajos exigentes o con vergüenza o incomodidad para usar baños públicos.

El reflejo de defecación es una señal fisiológica precisa: cuando el recto se distiende por la llegada de heces, el sistema nervioso envía una señal clara de «es el momento». Si atendemos esa señal, la evacuación es fácil y completa. Pero si la ignoramos repetidamente, porque no es el momento, porque estamos en el trabajo, porque preferimos esperar a casa, el recto aprende a adaptarse a esa distensión sin generar la señal de urgencia.

Con el tiempo, el umbral de sensación se eleva. El intestino deja de avisar con la misma claridad. Y lo que antes era un impulso claro se convierte en una señal débil, vaga o directamente ausente. El resultado es un intestino desconectado.

A esto se suma que las heces que permanecen más tiempo en el recto siguen perdiendo agua, volviéndose más duras y difíciles de expulsar cuando finalmente se intenta la evacuación.

La solución parece simple, pero requiere un cambio real de hábito: responder siempre a la primera señal. Crear una rutina de visita al baño después del desayuno (aprovechando el reflejo gastrocólico matutino, que es el más potente del día), sin prisa, sin móvil y con el taburete bajo los pies. Esta combinación sencilla puede reentrenar al intestino en pocas semanas.

8. Los medicamentos y otras causas secundarias a no pasar por alto

Algunos fármacos son causas frecuentes de estreñimiento: los analgésicos opioides, los anticolinérgicos, los antidepresivos tricíclicos, los bloqueadores de calcio, el hierro y el calcio en suplementación. Si has empezado a tomar alguno de estos y tu ritmo intestinal ha cambiado, coméntalo con tu médico.

También hay condiciones médicas que pueden ser la causa de fondo y que requieren diagnóstico antes de iniciar cualquier abordaje: hipotiroidismo, hipercalcemia, diabetes mal controlada o alteraciones fisiológicas como la disinergia del suelo pélvico (cuando el músculo puborrectal no se relaja durante la defecación, sino que se contrae paradójicamente).

Remedios para el estreñimiento en mujeres: qué funciona y qué no

Y aquí es donde la mayoría de los abordajes fallan: intentan tratar el síntoma sin entender el sistema.

En casos de estreñimiento leve y ocasional, relacionado principalmente con una dieta baja en fibra y poca hidratación, el abordaje básico funciona bien:

  • Aumentar la fibra gradualmente (primero la soluble: avena, plátano, semillas de chía y lino molidas, legumbres… y luego la insoluble)
  • Hidratación adecuada (2 litros de agua al día como mínimo, más en época de calor o con ejercicio)
  • Regularidad en los horarios de comida y de visita al baño
  • Movimiento diario

Pero cuando el estreñimiento es crónico, cuando hay sensación de evacuación incompleta, cuando no responde a estos cambios básicos o cuando va acompañado de hinchazón importante, dolor o síntomas extradigestivos, es necesario ir más allá.

Señales de alarma que requieren valoración médica

Hay síntomas que no deben ignorarse y que requieren consulta médica urgente o valoración por parte de un especialista:

  • Sangre en las heces o heces de color negro
  • Pérdida de peso involuntaria (más del 10% del peso corporal)
  • Cambio brusco en el calibre de las heces (heces muy finas de forma persistente)
  • Anemia ferropénica sin causa aparente
  • Dolor abdominal intenso o distensión marcada
  • Estreñimiento de inicio reciente en mujeres mayores de 50 años, especialmente sin cambio en la dieta ni en el estilo de vida
  • Historia familiar de cáncer colorrectal

En estos casos, el médico puede recomendar una colonoscopia para descartar patología orgánica antes de iniciar cualquier tratamiento.

Estreñimiento en mujeres y enfermedad celíaca: un diagnóstico que se pasa por alto

Hay un diagnóstico que se pasa por alto con demasiada frecuencia cuando hablamos de estreñimiento crónico: la enfermedad celíaca. La mayoría de las personas asocian la celiaquía con diarrea, pero hasta en un 25% de los casos el síntoma digestivo predominante puede ser justamente el contrario: estreñimiento persistente, deposiciones difíciles, hinchazón abdominal y sensación de pesadez después de comer.

Esto ocurre porque el daño en la mucosa del intestino delgado que provoca el gluten en personas celíacas altera la motilidad intestinal de formas muy diversas, y en algunos casos ralentiza el tránsito en lugar de acelerarlo.

Lo que más me preocupa en consulta son las mujeres que llevan años tomando laxantes o siguiendo dietas altas en fibra sin resultado claro, y en las que nadie ha descartado una celiaquía. La analítica básica (anticuerpos antigliadina, antitransglutaminasa IgA y niveles de IgA total) es un primer paso sencillo y muy revelador.

Si además del estreñimiento tienes anemia ferropénica que no se corrige, cansancio sin causa aparente, dolores articulares, dermatitis o alteraciones menstruales, la enfermedad celíaca merece estar en el diagnóstico diferencial. No asumas que es solo estrés o intestino irritable hasta haberlo descartado.

 

Los laxantes: cuándo ayudan y cuándo forman parte del problema

Esta es una conversación que tengo con mucha frecuencia en consulta, y me parece importante abordarla sin rodeos.

Los laxantes son herramientas terapéuticas válidas. Cuando un médico los pauta, especialmente los osmóticos como el polietilenglicol o el uso temporal de laxantes estimulantes en situaciones concretas, tienen su lugar, su indicación y su seguridad. Si tu médico te los ha recomendado como parte de un tratamiento, úsalos. No están ahí sin motivo.

El problema no son los laxantes en sí. El problema es la automedicación crónica, el uso habitual sin diagnóstico y sin un abordaje de las causas reales.

Y aquí es donde quiero ser directa contigo.

Tomar laxantes estimulantes de forma habitual y sin supervisión puede convertirse en parte del problema, no de la solución. ¿Por qué? Porque este tipo de laxantes actúan irritando la mucosa del colon para forzar el movimiento. Con el uso prolongado, el intestino puede volverse dependiente de ese estímulo externo para moverse, perdiendo progresivamente su capacidad de contracción autónoma. Es lo que se conoce como colon por laxantes o colon atónico, y es mucho más frecuente de lo que parece.

Lo que veo en consulta es una especie de trampa: la mujer empieza tomando laxantes porque no puede ir al baño, los laxantes funcionan a corto plazo, pero con el tiempo necesita dosis cada vez mayores para obtener el mismo resultado, y la capacidad natural del colon para moverse se va deteriorando. El estreñimiento en mujeres que lleva años sin diagnóstico real acaba siendo gestionado con parches que, paradójicamente, agravan el problema de fondo.

El laxante no está tratando la causa. Está compensando una disfunción que, sin abordaje real, va a ir a peor.

La melanosis coli: lo que tu intestino guarda en silencio

Hay además una consecuencia que vale la pena mencionar y que muchas mujeres descubren por sorpresa durante una colonoscopia: la melanosis coli. Es una pigmentación oscura, marrón o negra, de la mucosa del colon que aparece con el uso prolongado de laxantes de tipo antraquinónico, como el sen o la cáscara sagrada, presentes en muchos «laxantes naturales» de herboristería. Aunque en la mayoría de los casos es un cambio benigno y reversible al dejar el laxante, es una señal visible de que la mucosa ha estado expuesta a un estímulo crónico que no le corresponde. Verlo en una colonoscopia es, en sí mismo, un marcador de uso prolongado no supervisado.

Por eso, si llevas meses o años recurriendo a laxantes sin haber investigado qué hay detrás, este es el momento de parar y hacer las preguntas correctas: ¿Por qué mi intestino no se mueve solo? ¿Qué necesita para recuperar su ritmo natural?

Estreñimiento crónico en mujeres, estrógenos e inflamación: la conexión hormonal que es necesario entender

Este apartado me parece especialmente relevante para las mujeres, y es algo que abordo con mucha frecuencia desde mi enfoque de nutrición integrativa y PNIE.

El estreñimiento no es solo un problema digestivo. En muchas mujeres, es también un problema hormonal. Y esta es una de las conexiones más importantes, y más ignoradas, que existe entre la salud intestinal y la salud femenina.

El intestino no solo transporta y elimina residuos alimentarios. También es la principal vía de excreción de estrógenos usados. Cada día, el hígado metaboliza los estrógenos circulantes, los conjuga para hacerlos solubles y los envía al intestino a través de la bilis para que sean eliminados con las heces.

Pero aquí está el problema: si el tránsito intestinal es lento, esos estrógenos ya procesados permanecen más tiempo en el colon. Y ahí entra en juego una enzima producida por ciertas bacterias intestinales, la beta-glucuronidasa, que puede “rescatar” esos estrógenos y devolverlos a la circulación en una forma activa. En otras palabras, el estreñimiento puede contribuir a una reabsorción de estrógenos que el cuerpo ya había preparado para eliminar.

Las consecuencias de esta recirculación de estrógenos pueden ser muy diversas: síndrome premenstrual más intenso, mayor sensibilidad en los pechos, ciclos irregulares, mayor riesgo de endometriosis, miomas o, a largo plazo, una carga estrogénica que el hígado tiene que gestionar una y otra vez.

Estreñimiento e inflamación: el impacto más allá del intestino

Y los estrógenos no son lo único. El colon también es la vía de eliminación de otras sustancias que el organismo necesita excretar: toxinas ambientales, metabolitos hormonales, compuestos inflamatorios derivados del metabolismo bacteriano y del propio metabolismo celular.

Cuando el tránsito se enlentece, todos estos compuestos tienen más tiempo para ser reabsorbidos y para generar inflamación sistémica de bajo grado.

Esta es una de las razones por las que el estreñimiento crónico no tratado se asocia a síntomas aparentemente alejados del intestino: niebla mental, fatiga, dolores musculares, piel inflamada, alteraciones del estado de ánimo o empeoramiento de condiciones autoinmunes.

Un intestino que evacúa bien no es solo comodidad. Es una pieza clave de tu sistema de detoxificación y regulación hormonal.

Si tienes SPM intenso, miomas, endometriosis o ciclos irregulares y también sufres estreñimiento crónico, no son problemas separados. Pueden estar hablando el mismo idioma.

Mi enfoque como nutricionista integrativa: mirar el cuadro completo

Cuando trabajo con una paciente con estreñimiento crónico, lo primero que hago es lo mismo que con cualquier otra condición: mirar el cuadro completo. No solo el plato.

Pregunto cómo gestiona el estrés, si tiene tiempo real para ir al baño sin prisa, cómo duerme. Quiero saber si hay un historial de dietas muy restrictivas que puedan haber dañado la microbiota, si el ciclo menstrual influye en su ritmo intestinal. También me interesa su historia obstétrica: partos, cirugías, traumatismos pélvicos. Y siempre pregunto por sus emociones: si tienen espacio para expresarse o se quedan atrapadas.

Porque el estreñimiento crónico, como tantas otras condiciones digestivas, rara vez viene solo. Suele ser parte de un desequilibrio más amplio que involucra al sistema nervioso, a las hormonas, a la microbiota y a la forma en que vivimos el día a día.

El abordaje que propongo siempre combina:

  • Nutrición personalizada: identificar qué alimentos ayudan y cuáles frenan el tránsito en ese caso concreto
  • Trabajo con la microbiota: mediante prebióticos, probióticos específicos y diversidad vegetal
  • Regulación del sistema nervioso: técnicas de manejo del estrés, trabajo con el nervio vago, priorizar el descanso
  • Hábitos digestivos conscientes: comer sin prisas, masticar bien, respetar los ritmos del cuerpo
  • Movimiento adecuado: no necesariamente más ejercicio, sino el movimiento correcto
  • Derivación cuando es necesario: a fisioterapia de suelo pélvico si hay disfunción evacuatoria, al médico si hay señales de alarma

Si llevas años con estreñimiento y nadie te ha explicado por qué, probablemente no te falte fibra. Lo que falta es entender el origen. En consulta analizamos exactamente qué está frenando tu intestino (sistema nervioso, microbiota, hormonas, suelo pélvico) y cómo revertirlo. Reserva tu primera cita aquí.

Estrés, hormonas y laxantes, las preguntas que más me hacen

¿Es normal ir al baño cada 3 días? 

Depende. La frecuencia normal oscila entre 3 veces al día y 3 veces a la semana. Ir cada 3 días puede ser tu patrón habitual sin problema, siempre que la evacuación sea cómoda, completa y las heces tengan una consistencia adecuada (tipos 3-4 de la Escala de Bristol). Si hay esfuerzo, sensación de vaciado incompleto o malestar, merece atención, aunque vayas «dentro de la norma».

¿Cuáles son las causas del estreñimiento en mujeres más frecuentes en la dieta?

Los más frecuentes son los ultraprocesados (pobres en fibra y ricos en grasas saturadas), los lácteos en exceso en personas con intolerancia a la lactosa, los alimentos bajos en fibra como el pan blanco o el arroz refinado, y el consumo insuficiente de agua. También el exceso de proteína animal sin suficiente fibra vegetal puede ralentizar el tránsito.

¿El estrés puede causar estreñimiento? 

Sí, y es más frecuente de lo que se reconoce. El estrés crónico activa el sistema nervioso simpático, que frena activamente la motilidad intestinal. Además, altera el eje intestino-cerebro y puede tensar el suelo pélvico, dificultando la evacuación. En consulta es uno de los factores que más frecuentemente encuentro detrás del estreñimiento crónico en mujeres.

¿El estreñimiento puede afectar a las hormonas? 

Sí. El intestino es la principal vía de eliminación de estrógenos metabolizados. Cuando el tránsito es lento, esos estrógenos pueden reabsorberse, aumentando la carga estrogénica del organismo. Esto puede empeorar el síndrome premenstrual, favorecer miomas o endometriosis, y contribuir a inflamación sistémica. Por eso el estreñimiento en mujeres nunca debe tratarse de forma aislada.

¿Cuándo debo preocuparme por el estreñimiento? 

Consulta a tu médico si aparecen sangre en heces, pérdida de peso sin causa aparente, cambio brusco en el calibre de las heces, anemia ferropénica, dolor abdominal intenso o estreñimiento de inicio reciente sin cambio en dieta o estilo de vida, especialmente a partir de los 50 años. Estas son señales de alarma que requieren valoración médica antes de cualquier otro abordaje.

¿Los laxantes son malos para el estreñimiento? 

No en sí mismos, cuando los prescribe un médico. El problema es el uso crónico sin supervisión ni diagnóstico. Los laxantes estimulantes tomados de forma habitual pueden generar dependencia y deteriorar la capacidad del colon para moverse por sí solo. Si llevas tiempo recurriendo a ellos sin que nadie haya investigado la causa, es momento de preguntarte por qué te está pasando esto. 

El contenido de este artículo es propiedad intelectual de María Cerdán. La información expuesta tiene carácter divulgativo y de orientación general. En ningún caso pretende ofrecer pautas personalizadas ni sustituir ningún tratamiento médico. Ante cualquier síntoma, consulta siempre con un profesional de la salud.

  1. Alavi K et al. Diseases of the Colon and Rectum, 2024 The American Society of Colon and Rectal Surgeons Clinical Practice Guidelines for the Evaluation and Management of Chronic Constipation.
  2. Sadler K, Arnold F, Dean S. American Family Physician, 2022 Chronic Constipation in Adults.
  3. Wald A. JAMA, 2016 Constipation: Advances in Diagnosis and Treatment. 

El contenido de este blog en propiedad intelectual de María Cerdán, queda prohibida la reproducción etc, etc. La información que se expone es meramente informativa y de indicación general, en ningún caso pretende dar pautas personalizadas, ni sustituir ningún tratamiento médico.

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